domingo, 2 de noviembre de 2014

Cómo sé que fue amor

Sentí la electricidad en la piel al estar cerca suyo. Sentí una fuerza de atracción que me llevó irremediablemente hacia sus labios. Sentí que mi día horrible empezó a ser mejor cuando estuve con esa persona. Vi cómo su mirada me dijo más que todas las palabras de la lengua española. Vi cómo un abrazo creó un campo de fuerza inviolable al que la maldad del mundo no pudo penetrar. Vi cómo con unas sábanas se puede construir un refugio contra la tristeza. Oí cómo mi armadura se cayó cuando me besó de verdad. Oí su respiración sincronizándose con la mía. Oí el sonido de mi corazón rompiéndose cuando me dijo que no quería verme más. Vi cómo mi sueños se desmoronaron en mi cara. Sentí el frío del desamor envolverme de pies a cabeza.
Toqué el cielo con la punta de los dedos cada vez que me agarró de la mano. Sentí cómo mis preocupaciones se desvanecieron cada vez que me besó. Me deshice en sus brazos cada vez que me abrazó. Vi cómo mis sueños y proyectos crecieron y se multiplicaron al compartirlos con esa persona. Sentí cómo me perdí cuando descubrí que esa persona y yo ya no caminábamos por el mismo sendero. Tuve que aprender a ser yo sola de vuelta. Tuve que aprender que yo valgo la pena aunque para él no haya sido así. Tuve que reorientar mi vida a otras cosas porque cuando se fue se llevó todos mis sueños y metas con él.
Sentí cómo mis manos tenían tanto que dar. Sentí que mi cuerpo tenía infinitas formas de entrelazarse con el suyo. Mi guía eran esos ojos brillantes y vivaces. Sentí que mi lugar estaba donde fuera que estuviese ese alguien. Di todo lo que tenía y todo lo que era. Le ofrecí el mundo a cambio de una sonrisa. Di lo mejor de mí en todas las circunstancias. Sentí sus logros y sus pérdidas como propias, y así las reí o lloré. Proyecté un futuro en conjunto y sonreí ante esa idea. Atesoré cada momento vivido por más trivial que fuese. Lloré hasta deshidratarme cuando me rompió el corazón. Lo miré a los ojos y le dije que me rompió el corazón. Le dejé llevarse lo mejor de mí cuando se fue. Le dejé atormentarme con los recuerdos de los tiempos felices.
Y así y todo estoy orgullosa de decir que fue amor. Nada más ni nada menos.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Querer vs. Necesitar (II)

Pienso en él, en sus manos tímidas y en sus ojos asombrados y me disuelvo en ternura. Su sonrisa, ese gesto tan bello, tan genuino y dulce, es un mimo a mi corazón. Y cuando me besa con sus labios gentiles y suaves, el tiempo se congela, no pasa.
Es divertido, creativo, tierno y sincero. Es dulce, cuidadoso y caballero. Es cariñoso, escucha de verdad y encima me quiere. Pero…
Pero siempre hay un pero. ¿Por qué será que cuando todo está bien, le buscamos la quinta pata al gato? ¿Será que necesitamos un motivo para quejarnos? ¿Qué no sabemos disfrutar plenamente? Es esto y aquello, lo quiero un montón, PERO. Siempre esas cuatro letras escurriéndose por ahí, para empezar a sembrar la semilla de la incertidumbre, de la duda, de la inseguridad.
Lo quiero. Lo quiero por quién es, por quién quiere ser, por cómo me hace sentir. Porque me hace querer ser mejor persona. Porque me alienta a más, a seguir, a dar lo mejor de mí. Porque siempre estuvo ahí, brindándome su apoyo ante cada nuevo proyecto. Porque sé que sus intenciones siempre son buenas, no conozco un hombre más bueno que él. Porque es humilde y trabajador, no se la cree aunque tenga  un gran talento para hacerlo y siempre está trabajando para cumplir sus sueños. Porque con su paz me sabe bajar diez cambios cuando estoy sacada, y me banca en mis momentos de locura. Porque me cuida, se preocupa y hace su mejor esfuerzo para hacerlo. Y con todos estos motivos, aparte de otros más que no puedo poner en palabras, ¿alguien me puede explicar por qué creo que si bien es lo que quiero, no es lo que necesito?
No me malinterpreten, de verdad lo quiero. Siento algo que no sé explicar, ni rotular. Siento que aunque lo conozca, quiero conocerlo más. Quiero tener la oportunidad de contarle todos los lunares, de conocer sus marcas de nacimiento. Quiero que me conozca en un nivel que ni yo sabía que tenía. Lo quiero como para sentarme frente a mí misma y reconocer las cosas que hago mal y que le pueden hacer mal, y querer cambiarlas con todo mi corazón porque no quiero verlo sufrir ni un sengundo por mi culpa. Siento que sé que mi forma de ser le va a causar más de un dolor de cabeza y quiero cambiar todo eso que lo va a herir pero sin dejar esa persona que a él le gustó. Siento que ya a esta altura no lo puedo dejar ir sin más, no puedo y no quiero que se vaya.
Pero. Siempre el pero dando vueltas. Lo quiero, sí; pero creo que no es la persona que necesito a mi lado. No sé ni cómo es esa persona o si debería ser de algún modo. Pero siento que llego “sucia” a esta relación incipiente, que vengo arrastrando vicios de relaciones anteriores y por eso tal vez creo que lo que necesito es otra cosa. O por ahí es justamente eso lo que necesito, una persona que no sea como las otras, porque convengamos que por algo no funcionó con los demás.
Lo que sí sé con certeza es que no me quiero quedar sentada pensando si hubiese funcionado o no. Así que lo quiero, pero creo que no es lo que necesito…


…pero no me importa.

martes, 9 de septiembre de 2014

Cabeza de cartera

Hoy tengo la cabeza de cabeza. Lo que era sabido ya no lo es; lo que era certeza ahora es incertidumbre. Y es en escenarios como este donde uno confirma que nunca se termina de conocer a las personas, ni siquiera a uno mismo. Con suerte mañana será mejor y podré aclarar mis ideas. Y sino, siempre está el blog donde desparramar el contenido de mi cabeza cual cartera de mujer, de esas que tenés que dar vuelta y vaciarlas para encontrar lo que buscás. Y de paso encontrás algo que no estabas buscando pero que qué bien te viene.

martes, 12 de agosto de 2014

Deseos de cosas ¿imposibles?

Hay días como hoy en los que sólo querés cerrar los ojos y confiar. Confiar en que todo va a salir bien, en que el amor va a curarlo todo, en que un abrazo va a sostener el mundo.
Ojalá así sea.

martes, 5 de agosto de 2014

A Estela, Laura, Guido, Alicia y Carlos

Estela de Carlotto encontró a su nieto.
Técnicamente, la fundación Abuelas de Plaza de Mayo encontró al nieto número 114, quién resultó ser el hijo de Laura, de la hija de Estela.
Pero para nosotros siempre va a ser que Estela encontró a su nieto, y todo lo que ello representa. Cómo desde el amor, desde la paz, mantuvo una lucha constante en contra de la injusticia, del olvido, del dolor, del horror. Una mujer que supo, y sabe aún, amar lo bello de la vida, aferrarse a lo positivo sin poner bajo la alfombra el dolor del pasado; haciendo de él su bandera para luchar por la verdad, la memoria y la justicia.

Sin desmerecer ni opacar a la Sra. de Carlotto, quiero felicitar también a mis padres. Si bien soy una mocosa de veintiún años, que nada tiene que ver con la posibilidad de haber sido víctima personal (porque víctimas somos todos como sociedad) de ese horror pasado (pero no olvidado), quiero felicitar a mis señores padres por haberme criado con la verdad. Nunca me mintieron sobre mi identidad, sobre mis orígenes, sobre mi historia. Jamás me ocultaron nada, y siempre se ofrecieron a contarme todo y a contestar todas mis preguntas. Gracias a mis grandiosos padres, que tal vez no entiendan todo de mí, pero entienden que los amo por sobre todas las cosas y eso nunca va a dejar de ser verdad.

domingo, 3 de agosto de 2014

Claustrofobia

Es como saltar sin saber si abajo hay red o no. No digo que no te tires nunca, digo que primero podrías ver si hay algún tipo de red, o si podría llegar a haberla. ¿Y si te tirás y abajo no hay nada y te rompés todos los huesos? ¿No te asusta esa posibilidad? A mí me aterra, me presiona, me da ansiedad, me hace transpirar. Me trastorna pensar que alguien se quiera romper todo por una posibilidad tan intangible. Será que no tengo esa locura en mi interior, que de tanto que me han lastimado ya perdí la capacidad de tirarme al vacío y esperar que el amor me proteja. Siento que ningún amor ya me podrá evitar las caídas, los raspones, los moretones, los dolores. Ningún amor te protege del dolor, porque una parte del amor es el dolor. ¿Cómo protegerte de un componente de lo mismo que lo conlleva? Es como reza el dicho, "si te gusta el durazno, bancate la pelusa". El durazno viene con pelusa, te guste o no. Bueno, yo no sé si te puedo poner una red o no, si tengo mucha pelusa o no, si te gusta el durazno o no. Pero sé que tengo miedo y no sé cómo decírtelo.