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martes, 23 de junio de 2015

Desovillando (a pesar del frío)

Una vez que empezás a desanudar tu ansiedad, se desarma toda la bola. No te lo digo de positivista copada, claro que no. Te lo digo porque había algunas cosas que me tenían loca de ansiedad; algunas cuestiones atravesadas que no me permitían desenvolverme natural y completamente. ¿Y sabés que hice? Fui a resolverlas.

No me gusta quedarme esperando, no me gusta depender de los demás, y ciertamente no me gusta que por depender de los demás me dejen esperando sin poder resolver nada. Pero es cierto también que en algunas ocasiones nos vemos obligados a atravesar esos momentos de dependencia, y es ahí cuando la ansiedad domina.

¿Por qué no me llama? ¿Cuándo es la fecha del examen? ¿Me volverán a llamar de esa entrevista? ¿Ya están los resultados de los análisis? ¿Cómo me fue en el parcial? ¿Le habré gustado? ¿Nos volveremos a ver? ¿Cuánto falta? ¿Ya llegamos? Todas preguntas que nos rompen la cabeza. Yo soy muy ansiosa, así que a los dos días de no tener respuesta a esto de parte de un tercero me enloquece. Así que, me dispongo a ser insoportable y mover los hilos para que el barrilete de la ansiedad haga lo que yo quiero. Porque no, no puedo quedarme de brazos cruzados y entregarme a los tiempos de los demás. Yo necesito hacer, sino mi cabeza -que nunca jamás deja de pensar- se maquina sola y se atascan las dudas e incertidumbres.

Ya que me encontraba en ese pantano de dependencia para tomar resoluciones, decidí que no podía quedarme callada. Así que me armé de coraje y paciencia y empecé a molestar a todos aquellos que me debían una respuesta. Algunos tardaron más que otros, pero todos me dieron la respuesta que necesitaba. Ahora ya puedo organizar mi agenda y hacer planes, tejer fantasías e incluso soñar despierta.

Consejo del día: tomar la punta del ovillo y empezar a desenrollarlo. Lo mejor es saber.

jueves, 2 de abril de 2015

querer y Querer

Yo no voy a decir que nunca me quisieron. No podría, no quiero mentir. Tuve la suerte de ser querida, y mucho. Algunas veces más que otras, sí; pero querida al final.
Pero me di cuenta de algo. Me han querido, sí; pero no siempre sanamente. El amor es locura, es cierto, pero una cosa es la amar con locura a alguien y otra es amar locamente. Enfermizamente.
Me quisieron para el otro nada más. Para adorarlo, para acompañarlo. Me quisieron para crecer, para aprender, para competir, para saber. Me quisieron para saborear la adrenalina, la aventura, lo prohibido. Quisieron quererme para probarse algo. Quisieron quererme para que los quiera, para que les de todo, para que sea de ellos. Me quisieron para el afuera, para demostrar algo, para quedar bien. Me quisieron de verdad aun cuando no lo supieran demostrar.
Pero jamás me quisieron como me quiere él. Me quiere bien, sanamente. Me quiere en nombre del amor, sin ninguna otra intención ni motivación. Me quiere como soy, sin querer cambiarme. Me quiere desde el conocimiento, desde el saber lo que soy y lo que no. Me quiere desde la ignorancia de no saber qué más puede haber, pero también desde la fe y la esperanza de que pueda descubrirlo. Me quiere porque sí, porque podría no quererme y sin embargo lo hace, lo siente. Es eso, básicamente. Me quiere porque lo siente, porque le nace. Lo veo en sus ojos, que siempre me miran con amor, con calor de hogar, con paz y certeza. Certeza de que nada malo va a ser tan malo si estamos juntos. Certeza de que a veces el amor todo lo puede. Me quiere bien. Y eso va a hacer que todo esté bien.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Cómo sé que fue amor

Sentí la electricidad en la piel al estar cerca suyo. Sentí una fuerza de atracción que me llevó irremediablemente hacia sus labios. Sentí que mi día horrible empezó a ser mejor cuando estuve con esa persona. Vi cómo su mirada me dijo más que todas las palabras de la lengua española. Vi cómo un abrazo creó un campo de fuerza inviolable al que la maldad del mundo no pudo penetrar. Vi cómo con unas sábanas se puede construir un refugio contra la tristeza. Oí cómo mi armadura se cayó cuando me besó de verdad. Oí su respiración sincronizándose con la mía. Oí el sonido de mi corazón rompiéndose cuando me dijo que no quería verme más. Vi cómo mi sueños se desmoronaron en mi cara. Sentí el frío del desamor envolverme de pies a cabeza.
Toqué el cielo con la punta de los dedos cada vez que me agarró de la mano. Sentí cómo mis preocupaciones se desvanecieron cada vez que me besó. Me deshice en sus brazos cada vez que me abrazó. Vi cómo mis sueños y proyectos crecieron y se multiplicaron al compartirlos con esa persona. Sentí cómo me perdí cuando descubrí que esa persona y yo ya no caminábamos por el mismo sendero. Tuve que aprender a ser yo sola de vuelta. Tuve que aprender que yo valgo la pena aunque para él no haya sido así. Tuve que reorientar mi vida a otras cosas porque cuando se fue se llevó todos mis sueños y metas con él.
Sentí cómo mis manos tenían tanto que dar. Sentí que mi cuerpo tenía infinitas formas de entrelazarse con el suyo. Mi guía eran esos ojos brillantes y vivaces. Sentí que mi lugar estaba donde fuera que estuviese ese alguien. Di todo lo que tenía y todo lo que era. Le ofrecí el mundo a cambio de una sonrisa. Di lo mejor de mí en todas las circunstancias. Sentí sus logros y sus pérdidas como propias, y así las reí o lloré. Proyecté un futuro en conjunto y sonreí ante esa idea. Atesoré cada momento vivido por más trivial que fuese. Lloré hasta deshidratarme cuando me rompió el corazón. Lo miré a los ojos y le dije que me rompió el corazón. Le dejé llevarse lo mejor de mí cuando se fue. Le dejé atormentarme con los recuerdos de los tiempos felices.
Y así y todo estoy orgullosa de decir que fue amor. Nada más ni nada menos.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Querer vs. Necesitar (II)

Pienso en él, en sus manos tímidas y en sus ojos asombrados y me disuelvo en ternura. Su sonrisa, ese gesto tan bello, tan genuino y dulce, es un mimo a mi corazón. Y cuando me besa con sus labios gentiles y suaves, el tiempo se congela, no pasa.
Es divertido, creativo, tierno y sincero. Es dulce, cuidadoso y caballero. Es cariñoso, escucha de verdad y encima me quiere. Pero…
Pero siempre hay un pero. ¿Por qué será que cuando todo está bien, le buscamos la quinta pata al gato? ¿Será que necesitamos un motivo para quejarnos? ¿Qué no sabemos disfrutar plenamente? Es esto y aquello, lo quiero un montón, PERO. Siempre esas cuatro letras escurriéndose por ahí, para empezar a sembrar la semilla de la incertidumbre, de la duda, de la inseguridad.
Lo quiero. Lo quiero por quién es, por quién quiere ser, por cómo me hace sentir. Porque me hace querer ser mejor persona. Porque me alienta a más, a seguir, a dar lo mejor de mí. Porque siempre estuvo ahí, brindándome su apoyo ante cada nuevo proyecto. Porque sé que sus intenciones siempre son buenas, no conozco un hombre más bueno que él. Porque es humilde y trabajador, no se la cree aunque tenga  un gran talento para hacerlo y siempre está trabajando para cumplir sus sueños. Porque con su paz me sabe bajar diez cambios cuando estoy sacada, y me banca en mis momentos de locura. Porque me cuida, se preocupa y hace su mejor esfuerzo para hacerlo. Y con todos estos motivos, aparte de otros más que no puedo poner en palabras, ¿alguien me puede explicar por qué creo que si bien es lo que quiero, no es lo que necesito?
No me malinterpreten, de verdad lo quiero. Siento algo que no sé explicar, ni rotular. Siento que aunque lo conozca, quiero conocerlo más. Quiero tener la oportunidad de contarle todos los lunares, de conocer sus marcas de nacimiento. Quiero que me conozca en un nivel que ni yo sabía que tenía. Lo quiero como para sentarme frente a mí misma y reconocer las cosas que hago mal y que le pueden hacer mal, y querer cambiarlas con todo mi corazón porque no quiero verlo sufrir ni un sengundo por mi culpa. Siento que sé que mi forma de ser le va a causar más de un dolor de cabeza y quiero cambiar todo eso que lo va a herir pero sin dejar esa persona que a él le gustó. Siento que ya a esta altura no lo puedo dejar ir sin más, no puedo y no quiero que se vaya.
Pero. Siempre el pero dando vueltas. Lo quiero, sí; pero creo que no es la persona que necesito a mi lado. No sé ni cómo es esa persona o si debería ser de algún modo. Pero siento que llego “sucia” a esta relación incipiente, que vengo arrastrando vicios de relaciones anteriores y por eso tal vez creo que lo que necesito es otra cosa. O por ahí es justamente eso lo que necesito, una persona que no sea como las otras, porque convengamos que por algo no funcionó con los demás.
Lo que sí sé con certeza es que no me quiero quedar sentada pensando si hubiese funcionado o no. Así que lo quiero, pero creo que no es lo que necesito…


…pero no me importa.

martes, 9 de septiembre de 2014

Cabeza de cartera

Hoy tengo la cabeza de cabeza. Lo que era sabido ya no lo es; lo que era certeza ahora es incertidumbre. Y es en escenarios como este donde uno confirma que nunca se termina de conocer a las personas, ni siquiera a uno mismo. Con suerte mañana será mejor y podré aclarar mis ideas. Y sino, siempre está el blog donde desparramar el contenido de mi cabeza cual cartera de mujer, de esas que tenés que dar vuelta y vaciarlas para encontrar lo que buscás. Y de paso encontrás algo que no estabas buscando pero que qué bien te viene.

martes, 12 de agosto de 2014

Deseos de cosas ¿imposibles?

Hay días como hoy en los que sólo querés cerrar los ojos y confiar. Confiar en que todo va a salir bien, en que el amor va a curarlo todo, en que un abrazo va a sostener el mundo.
Ojalá así sea.

martes, 5 de agosto de 2014

A Estela, Laura, Guido, Alicia y Carlos

Estela de Carlotto encontró a su nieto.
Técnicamente, la fundación Abuelas de Plaza de Mayo encontró al nieto número 114, quién resultó ser el hijo de Laura, de la hija de Estela.
Pero para nosotros siempre va a ser que Estela encontró a su nieto, y todo lo que ello representa. Cómo desde el amor, desde la paz, mantuvo una lucha constante en contra de la injusticia, del olvido, del dolor, del horror. Una mujer que supo, y sabe aún, amar lo bello de la vida, aferrarse a lo positivo sin poner bajo la alfombra el dolor del pasado; haciendo de él su bandera para luchar por la verdad, la memoria y la justicia.

Sin desmerecer ni opacar a la Sra. de Carlotto, quiero felicitar también a mis padres. Si bien soy una mocosa de veintiún años, que nada tiene que ver con la posibilidad de haber sido víctima personal (porque víctimas somos todos como sociedad) de ese horror pasado (pero no olvidado), quiero felicitar a mis señores padres por haberme criado con la verdad. Nunca me mintieron sobre mi identidad, sobre mis orígenes, sobre mi historia. Jamás me ocultaron nada, y siempre se ofrecieron a contarme todo y a contestar todas mis preguntas. Gracias a mis grandiosos padres, que tal vez no entiendan todo de mí, pero entienden que los amo por sobre todas las cosas y eso nunca va a dejar de ser verdad.

domingo, 3 de agosto de 2014

Claustrofobia

Es como saltar sin saber si abajo hay red o no. No digo que no te tires nunca, digo que primero podrías ver si hay algún tipo de red, o si podría llegar a haberla. ¿Y si te tirás y abajo no hay nada y te rompés todos los huesos? ¿No te asusta esa posibilidad? A mí me aterra, me presiona, me da ansiedad, me hace transpirar. Me trastorna pensar que alguien se quiera romper todo por una posibilidad tan intangible. Será que no tengo esa locura en mi interior, que de tanto que me han lastimado ya perdí la capacidad de tirarme al vacío y esperar que el amor me proteja. Siento que ningún amor ya me podrá evitar las caídas, los raspones, los moretones, los dolores. Ningún amor te protege del dolor, porque una parte del amor es el dolor. ¿Cómo protegerte de un componente de lo mismo que lo conlleva? Es como reza el dicho, "si te gusta el durazno, bancate la pelusa". El durazno viene con pelusa, te guste o no. Bueno, yo no sé si te puedo poner una red o no, si tengo mucha pelusa o no, si te gusta el durazno o no. Pero sé que tengo miedo y no sé cómo decírtelo.

domingo, 4 de mayo de 2014

Rebalsó

No sé en qué me estoy equivocando. O sea, sí sé en qué me equivoco, pero no sé en qué me equivoco puntualmente en esto, con vos.
Te dije cosas que no me arrepiento de habértelas dicho, pero sí me arrepiento de haberlo hecho en ese momento, en ese lugar. Siento que no te respeto tus tiempos, tu lugar, pero no puedo estar así. Me mata, me carcome no poder decir lo que me pasa, lo que siento, lo que tengo dentro. Y sí, sé que no necesitás que yo venga a decirte estas cosas porque vos también cargás con lo tuyo, pero no puedo no hablarlo con nadie.
Me la paso comiéndome las uñas, porque si bien no pretendo que me digas nada, que resuelvas nada – porque técnicamente no hay nada que resolver – ando necesitando hablar con la verdad, decirnos las cosas que nos tenemos que decir. Fantaseo con una charla, fantaseo con mirarte y decirte todas las cosas que se me cruzan por la mente y por el corazón, pero no, no lo voy a hacer. Quedate tranquilo que no lo voy a hacer. Pero lo que sí voy a hacer es pedir disculpas cuando sienta que me equivoco, y ayer sentí que me equivoqué y te pedí disculpas. Y ni un “Ok” me diste. ¿Cuánto te puede costar un “Ok”, o un “Está bien, no pasa nada”? ¡Incluso un “no me rompas las pelotas” sería mejor que ese silencio!
Querías que las cosas sigan igual que siempre. Está bien, yo no te la hago fácil, lo admito. Eso es porque no lo es para mí tampoco. Pero vos querías que todo sea como siempre y fuiste el primero en cambiar.

Ahora la que tiene muchas cosas en mente soy yo. Tengo dos parciales que rendir. Ojalá te olvides de mí y sigas adelante.

domingo, 20 de abril de 2014

No, no me olvidé de vos (lágrimas uruguayas)

Ya me cayó la ficha, Papá.
Sé que te encantaría verlo, pero así son las cosas.
Perdón.
Gracias.
Te quiero.

Regalos

A veces, una cree que es una infeliz porque tiene un trabajo en el que no tiene expectativas. O porque no está en pareja. O porque no está ni cerca de recibirse. O porque se siente fea. O porque está sensible y todo le parece mal. O por todo junto.
Esas veces, una no ve las otras cosas que sí la hacen ser feliz.

Ahí no ves a la mamá que te abrazó fuerte antes de salir y te dijo "Que se diviertan, disfruten mucho" aunque le cueste dejarte ir. No ves a la madrina que te llamó para desearte suerte, para avisarte que tu tío va a estar siguiendo todo online, y que encima van a invitar a tu vieja a cenar para que no esté sola. No ves a los amigos que se alegraron porque ibas a vivir algo lindo que anhelaste mucho, esos amigos que te mandan mensajes porque saben que ese día es re importante para vos. No ves a tu amigo que te espera con un abrazo y un café con leche y facturas para desayunar antes de salir. No ves al papá de tu amigo que de onda te lleva a donde tenías que ir. Ni ves a tu amiga que llegó temprano y empezó a hacer la fila por vos. No, no ves nada de eso.

Cuando te sentís una infeliz no ves esas cosas, esas personas que están al lado tuyo haciendo lo mejor posible desde los gestos más mínimos para que estés bien, cuidada, protegida, sana, divertida, querida. Feliz.

Por eso, en honor a todo el amor que me dan y al esfuerzo que hacen por hacerme sonreír cuando a ellos mismos les cuesta hacerlo, prometo de hoy en más empezar a focalizar en esas cosas tan lindas que me dan a diario.

A todos ustedes, gracias por los regalos maravillosos que me han ido regalando con el tiempo.
Los quiero.

jueves, 10 de abril de 2014

Matemática

Mi voz nunca será lo suficientemente fuerte como para callar las voces en tu cabeza, ¿no?
Siempre me vas a mirar y verlo a él, ¿verdad?

Supongo que me equivoqué, que aunque dos más dos sea cuatro, a veces puede que no de.

jueves, 3 de abril de 2014

Consejos

Ante un determinado problema existen múltiples maneras de reaccionar.
Ante el debate de "le escribo o no le escribo" que plantea una chica, una amiga respondíó que no. Otra dijo que sí.

Si la que plantea el debate sabe que no debe pero igual lo va hacer, toma el consejo de la que dijo que sí porque busca una cómplice.
Si la que plantea sabe que no debe y está consciente de ello, toma el de la que dijo que no porque sabe que es correcto.
Si la que plantea sabe que no está mal, toma el de la que dijo que sí porque no tiene nada que perder.

En este caso, la mejor opción era el no, pero ella optó por el sí. Y eso me puso a pensar.
¿Qué esperamos del otro cuando pedimos consejo o preguntamos una opinión?

A veces, lo único que queremos es que nos digan lo que queremos escuchar. Esas veces que le preguntás algo a alguien con palabras, mientras que tu mirada y tu actitud preguntan lo contrario.
Otras veces necesitás que reafirmen lo que ya sabés. Vos sabés que tenés que hacer eso, pero necesitás que alguien te lo reconfirme, que lo apruebe incluso.
Hay veces en las que no tenés ni idea y no querés tenerla, entonces le preguntás a alguien y te quedás con esa opinión, dejando en manos de esa persona una decisión que no te atreviste a tomar.

El tema es, en realidad, a quién preguntarle. Uno sabe con los bueyes con los que ara, dice el dicho. No es lo mismo preguntarle a tu amiga impulsiva que a tu amiga racional. No es igual si le preguntás a tu amiga la que prioriza la joda que si le preguntás a la que prioriza las responsabilidades.

En concreto, tengo dos consejos. Uno es para dar consejos: ser totalmente sincero y bregar por el bienestar del otro. No importa si tu personalidad es impulsiva, pasional, soñadora, ilusa, racional, negativa, negadora, positiva, despreocupada o lo que sea. Si le mentís al otro, le estás haciendo más daño del que pensás, porque esa persona cuenta con tu opinión para resolver algo que la traba. No le mientas.
El segundo consejo es para recibir consejos: estar dispuesto a escuchar y considerar lo que el otro nos dice. Si te pido consejo, pero de igual modo voy a hacer lo que a mí se me ocurrió en un primer momento no tiene sentido preguntarle nada a nadie. Si le estoy pidiendo al otro que se tome la molestia de gastar su tiempo y energía en pensar en mi problema, minimamente tengo que escuchar lo que piensa y sopesar esa opción. No se puede ser tan desconsiderado en la vida.

Menos mal que conozco a mis bueyes y ellos a mí.

jueves, 13 de marzo de 2014

Basta de retrovisores

"El viernes pensamos que faltabas vos para que todo sea como 2010", dijeron riendo.
"2010 fue un año espantoso, no quiero volver", dije indignada. "2014 es mucho mejor", dije sonriendo.

domingo, 9 de marzo de 2014

(Re) Estreno

Ahora veo qué es lo que me impedía escribir(me). No tenía espacio para pensar, para ordenar mis ideas. No tenía privacidad, ni perspectiva. No tenía manera de pensar claramente, de revolver en mí.
Ahora, a las 07:06 de un domingo, mirando el sol salir entre nubes plateadas, tengo algunas cosas más claras. Ahora veo que nunca debo dejar de oír lo que me pasa, nunca debo cortar esa conexión conmigo misma. No debo dejar de oírme, de mirarme, de sentirme; si lo hago temo dejar de oír, mirar y sentir al otro. Quiero decir, ¿cómo voy a interpretar al otro si no me puedo interpretar a mí?
Antes escribía porque... No sé porqué, se me daba naturalmente. Escribía sobre lo que vivía, sobre lo que veía, sobre lo que me contaban, sobre cosas más externas. Después escribí sobre cómo me sentía, y por lo general me sentía mal y escribía sobre ello porque no se me da bien eso de contarle a la gente mis problemas.
Y ahora, me asalta un impulso distinto de escribir. Yo sé que esto lo van a leer pocas personas, pero ya no me interesa hasta donde llegue, si es que llega. Ahora quiero escribir todo lo que no me quiero olvidar, por hache o por be. Quiero escribir lo que me recuerda que viví, que sentí, que fui humana o al menos lo intenté.
Hoy es un impulso distinto el que me abraza. Y le voy a devolver el abrazo.

*Don't let it go away
This feeling has got to stay
And I can't believe I've had this chance now
Don't let it go away, yeah*



(Dedicado a Violeta y un poco a Nicolás)

jueves, 27 de febrero de 2014

The fucked up - part II

La miro y muero un poco.
Se ríe y muero un poco más.
Ella es especial.

Me abraza y la siento mía entre mis brazos.
Me suelta y se lleva un poco de mí con ella.
Ella es diferente.

Habla y la miro hipnotizado.
Mis oídos siguen su voz como el amanecer sigue a la noche.
Ella es magia.

Se mueve y se me escapa el aire.
Me mira y no me ve.
Ella es hermosa.

La veo llegar y me vuelve el alma al cuerpo.
La veo abrazarse a alguien más y se me vuelve a ir.
Ella es quién no debería.

Mi mejor amigo amó a una mujer lo mejor que pudo, y fue recíproco. Ellos se amaban de verdad, con un amor sincero. Complejo, pero sincero. Lo complejo no es para todos, sobre todo cuando se trata de un amor entre dos personas complejas, y por eso se terminó. Y yo estuve al lado de él mientras estuvo mal, lo ayudé a salir adelante, a estar bien, a tomar una cerveza sin ponerse mal porque podría estar con ella viendo una película. Y a través de sus historias, ella era buena persona. Y a través de los momentos compartidos ella era agradable, graciosa, teníamos buena onda, pero seguía siendo ajena a mi vida. Hasta que entré de lleno en la suya.
A veces, conocer mucho a alguien es una tortura. Como cuando sabés que esa mujer por la que dejarías todo es la que solía dejar todo por tu mejor amigo cuando era su novia. Como cuando sabes que jamás te va a mirar, que siempre vas a ser invisible para su corazón, que siempre vas a ser "el amigo de". No importa cuánto se diviertan, cuánto tengan en común, cuán bien se hagan mutuamente, cuántos abrazos se den, cuántas veces hablen por teléfono, cuántas cervezas tomaron juntos, cuántos chistes internos tengan, cuántas veces le secaste las lágrimas. Como cuando sabés que no quisieras soñar con ella, ni mirarla reír sin reír con ella, ni soltarla cuando la abrazás. Como cuando sabés que no podés evitar querer acariciarle el pelo para que se duerma, o agarrarle la mano, No podés evitar querer acariciarle el cuello para que le de cosquillas, o besarla. O desearla. O quererla.





Y un día, así sin más, la miré a los ojos y le dije la verdad. Le dije que no puedo mentirnos más, ni a ella ni a mí. Le dije que la quiero. Me miró, sonrió y me dijo que ella también. Pobre, no entendió.
Así que la besé, para que se entienda mejor. Y ahí lo entendió. Y yo también.
A veces, conocer mucho a alguien es una tortura. Como cuando sabés que esa mujer por la que dejarías todo es la que estás besando mientras pensás en tu mejor amigo.

domingo, 23 de febrero de 2014

The fucked up - part I

Sos gracioso, inteligente, amable, compañero, reflexivo, dulce, cariñoso, comprensivo, atento, bueno, caballero, sincero, transparente, reservado.
Siempre tenés algo lindo para decir, algo gracioso para hacerme reír, un abrazo esperándome, una sonrisa con la cual alegrarme, una mirada que sostener, una canción que cantar, un ritmo que seguir.
Siempre tenemos una serie sobre la cual hablar, una banda para recomendarnos, un show al que ir, una película para ver, una cerveza que compartir, un elogio para hacernos, una persona de la cual opinar, un recuerdo para mirar atrás, un proyecto para imaginar un futuro.
Siempre sos perfecto a tu manera, ideal por donde se te mire.

Sólo que no tengo nada que ofrecerte salvo problemas.

Soy exigente conmigo misma, siempre tengo un problema, siempre me preocupo demasiado por todo. Siempre tengo algo para criticar, algo para quejarme, alguien que me lastima, alguien que me desorienta.
Soy competitiva, reservada, autosuficiente. Odio llorar, sobre todo enfrente de alguien. Siempre quiero mejorar las cosas, tanto que pierdo de vista el límite y no sé cuándo parar. Me gusta hacer las cosas a mi manera. Soy insegura sobre mi apariencia, pero odio que me digan que siempre estoy linda. Soy difícil de entender. Soy contradictoria.Un día te digo que quiero verte siempre, al otro ya no me parece que nos haga bien. Hago daño "en nombre del amor". Lastimo gente sin querer queriendo, ya me viste hacerlo. Me altero por nimiedades. Soy anti-cursi. No te dejo ser caballero, no me abras la puerta, no me invites, no pagues. Soy mentirosa, manejo las situaciones de la manera más favorable para mí. Engaño, siempre sucumbo a los labios ajenos. Me confundo fácilmente, me enrosco demasiado. Soy la ex novia de tu mejor amigo, quién además es medio amigo mío o al menos eso intentamos. No puedo ser la Robin del grupo, no quiero agregar eso a mi historial de fracasos sentimentales. ¿Ves? Confundo a la gente. Bah, a la gente no, a los tipos. Soy media putita, media facilita.

Soy todo lo que no quiero ser, y sin embargo a vos te gusta eso. Soy todo lo que no te conviene, todo lo que está mal, lo indeseable, lo dañino, lo perverso, lo complicado, lo raro, lo incorrecto, lo prohibido, lo que no necesitás.

Me parece que al final estás más jodido que yo.

martes, 7 de enero de 2014

Puentecito

A veces, un gesto chiquito puede significar un montón.
Una charla chiquita, sencilla, pero sentida nos acercó un montón y reconfirmamos que esto que sentimos sobrevive a cualquier pelea, a cualquier enojo, a todo.
Gracias por recordármelo, Ma.

jueves, 2 de enero de 2014

Adiós para siempre

Mirar hacia atrás es algo que no podemos evitar hacer. Aunque sea por un microsegundo, todos lo hacemos. En especial en estas fechas, en las que estamos sensibles, ansiosos, cansados. Raros, digamos.

¿Qué veo cuando miro hacia atrás? Veo lo que pasó y lo que me dijeron que pasó. Veo a las personas que, con mayor o menor fuerza, gravitaron en mi universo. Veo las cosas en las que creí y creo, y las puertas que abrí y se me abrieron. Veo imágenes, algunas sueltas y otras siguiendo un orden, concatenadas.

Cuando miro hacia atrás para despedir al 2013, veo a la persona que era, la que empezó el año. Esa chica tenía ansiedad por la decisión laboral que iba a tomar, por los vínculos medio inconclusos que dejaba con ella, por el nuevo camino a recorrer. Esa chica era idealista en cuánto a su carrera universitaria, creyendo que podría dominar a una universidad que existe hace casi dos siglos y no viceversa. Ella creía que finalmente había logrado encontrar el equilibrio y la paz que buscaba en su pareja, y era feliz corriendo por la arena y jugando en sus brazos. Ella pensaba que mal que mal su familia estaba bien como estaba, y que cada día que pasaba la quería más, con sus locuras y todo. Ella sentía que sus amigos eran los mejores, que tenía un dream team a su lado.

Sí, así de ingenua era cuando empezó el 2013. Una estúpida, lo sé. ¿Pero saben qué? El 2013 me ayudó a cerrar una etapa de gran crecimiento que venía teniendo hace tiempo. Bueno, no sé si cerrar, pero al menos a madurar ese crecimiento; a concentrarlo, capitalizarlo y aprovecharlo; a ser consciente realmente de todo lo que pasaba y me pasaba.

En 2013, entre otras cosas, cambié de trabajo; me desilusioné del trabajo que conseguí y descreí en mí; volví a cambiar de trabajo y fue el primer trabajo que conseguí sin tener contactos o haber acudido a terceros; acudí a mi familia para tomar decisiones que nunca antes les hubiese consultado; amé profundamente y empecé a considerar seriamente un futuro en conjunto con mi pareja; empecé a trabajar en blanco y en un lugar serio; extrañé mis comodidades de niña y empecé una vida plenamente adulta; trastabillé en la facultad y perdí un poco el rumbo; me reencontré con gente que extrañaba; me establecí en un trabajo y planté semillas de relaciones con mis compañeros; empecé a escuchar más al otro y a dejar de hablar tanto; fraternicé con el enemigo; confié ciegamente; soñé sueños muy lindos y desperté con pesadillas; me rompieron el corazón sin entender muy bien cómo ni por qué; dejé de lado mis penas y me la jugué por el equipo; me saqué la armadura y me mostré frágil y vulnerable delante de todos; me sentí sola y diminuta; me dolió que verlo soltero y verme sola; me sequé las lágrimas y comprendí que mis amigos y mi familia seguían ahí, al pie del cañón con los más sinceros abrazos, las miradas llenas de pena, las palabras más coherentes, las más incoherentes y las mayores ganas de verme repuesta; perdí mi armadura de guerrera así que dejé de pelearla; empecé a querer sanar así que junte valor y no lloré mientras hablé por teléfono; entendí que no tenía que andar de pelea por el mundo sino pelear cuando hiciera falta; entendí que me había olvidado de eso cuando quise pelear por lo que amaba y no tuve chance; descubrí que me seguía importando más la felicidad del otro que la mía y que en realidad eso es lo que me hace feliz; me rendí con la facultad y me perdoné por ello; me cansé de sufrir y me propuse sanar; eché raíces en el trabajo donde conocí personas hermosas; lo escuché feliz y fui feliz; mis sobrinos me llenaron de besos y alegraron mi corazón; aprendí a aceptar (o no necesariamente) los defectos de mis amigos; me propuse aceptar a mi familia tal cual es; quise escaparme lejos y no pude; retomé la facultad y me fue mejor; decidí no presionarme durante ese año; encontré rincones de mí que no sabía que existían; encontré muy buena gente en el camino; entendí que no es el tiempo transcurrido lo que me une a la gente, sino los gestos y las acciones; intenté cosas nuevas y no fueron lo mío; intenté cosas nuevas y me gustaron; decidí arriesgarme a vivir la vida; decidí no festejar mi cumpleaños porque era muy difícil y siempre terminan mal mis festejos; me enfermé en mi cumpleaños; salí de cool hunter y me encantó; tuve mi primer evento empresarial; me miré frente a un espejo y me gustó absolutamente todo lo que vi (sólo un día, pero es un buen comienzo); me desvergoncé; deseé cosas como nunca antes; fui a un recital espectacular; abracé muy fuerte a mis amigos, a mis sobrinos y a mi familia; me propuse decirle siempre a la gente que quiero cuánto la quiero; decidí dejar que la vida pase a través de mí; me dediqué a relajarme; me resigné; me sinceré conmigo misma y con los demás, y tuvo una repercusión genial; le dije lo que sentía sin pelos en la lengua; lloré delante del que me rompió el corazón y no me dio (tanta) vergüenza porque fui honesta y visceral; me desinflé; respiré hondo; reflexioné; decidí; brindé; lloré de la risa cuando pensé que la iba a pasar mal; vi irse de mi vida y de mi cotidianeidad a varias personas y por ellas lloré y brindé; conocí y redescubrí a unas cuantas personas.

Y si miro para atrás y veo todo esto, puedo decir con seguridad que 2013 fue un año intenso, pero que al final de cuentas fue positivo. Crecí muchísimo y entendí más y mejor unas cuantas cosas. Me quedan muchas cosas de este año. Pero así y todo, agradezco que no vuelvas.

APS, 2013.