Te dije que voy a estar bien.
Perder el suelo firme, flotar, andar errante, estar loco al menos una vez. - Nietzsche
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sábado, 23 de mayo de 2015
All right, stop! Collaborate and listen
Ni esa mirada de reprobación ni esos comentarios filosos ni los resoplidos me van a detener. Me podrán demorar, pero no detener. No voy a dejar que me convenzan de algo que no creo ni siento. No quiero tener razón esta vez; quiero ser consciente de las elecciones que hacen a mi felicidad. No estoy bien, es cierto. Pero no te voy a dejar colaborar con ese estado. Yo voy a estar bien, ya vas a ver.
jueves, 2 de abril de 2015
querer y Querer
Yo no voy a decir que nunca me quisieron. No podría, no quiero mentir. Tuve la suerte de ser querida, y mucho. Algunas veces más que otras, sí; pero querida al final.
Pero me di cuenta de algo. Me han querido, sí; pero no siempre sanamente. El amor es locura, es cierto, pero una cosa es la amar con locura a alguien y otra es amar locamente. Enfermizamente.
Me quisieron para el otro nada más. Para adorarlo, para acompañarlo. Me quisieron para crecer, para aprender, para competir, para saber. Me quisieron para saborear la adrenalina, la aventura, lo prohibido. Quisieron quererme para probarse algo. Quisieron quererme para que los quiera, para que les de todo, para que sea de ellos. Me quisieron para el afuera, para demostrar algo, para quedar bien. Me quisieron de verdad aun cuando no lo supieran demostrar.
Pero jamás me quisieron como me quiere él. Me quiere bien, sanamente. Me quiere en nombre del amor, sin ninguna otra intención ni motivación. Me quiere como soy, sin querer cambiarme. Me quiere desde el conocimiento, desde el saber lo que soy y lo que no. Me quiere desde la ignorancia de no saber qué más puede haber, pero también desde la fe y la esperanza de que pueda descubrirlo. Me quiere porque sí, porque podría no quererme y sin embargo lo hace, lo siente. Es eso, básicamente. Me quiere porque lo siente, porque le nace. Lo veo en sus ojos, que siempre me miran con amor, con calor de hogar, con paz y certeza. Certeza de que nada malo va a ser tan malo si estamos juntos. Certeza de que a veces el amor todo lo puede. Me quiere bien. Y eso va a hacer que todo esté bien.
martes, 12 de agosto de 2014
Deseos de cosas ¿imposibles?
Hay días como hoy en los que sólo querés cerrar los ojos y confiar. Confiar en que todo va a salir bien, en que el amor va a curarlo todo, en que un abrazo va a sostener el mundo.
Ojalá así sea.
Ojalá así sea.
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soñar
jueves, 13 de marzo de 2014
Basta de retrovisores
"El viernes pensamos que faltabas vos para que todo sea como 2010", dijeron riendo.
"2010 fue un año espantoso, no quiero volver", dije indignada. "2014 es mucho mejor", dije sonriendo.
domingo, 9 de marzo de 2014
(Re) Estreno
Ahora veo qué es lo que me impedía escribir(me). No tenía espacio para pensar, para ordenar mis ideas. No tenía privacidad, ni perspectiva. No tenía manera de pensar claramente, de revolver en mí.
Ahora, a las 07:06 de un domingo, mirando el sol salir entre nubes plateadas, tengo algunas cosas más claras. Ahora veo que nunca debo dejar de oír lo que me pasa, nunca debo cortar esa conexión conmigo misma. No debo dejar de oírme, de mirarme, de sentirme; si lo hago temo dejar de oír, mirar y sentir al otro. Quiero decir, ¿cómo voy a interpretar al otro si no me puedo interpretar a mí?
Antes escribía porque... No sé porqué, se me daba naturalmente. Escribía sobre lo que vivía, sobre lo que veía, sobre lo que me contaban, sobre cosas más externas. Después escribí sobre cómo me sentía, y por lo general me sentía mal y escribía sobre ello porque no se me da bien eso de contarle a la gente mis problemas.
Y ahora, me asalta un impulso distinto de escribir. Yo sé que esto lo van a leer pocas personas, pero ya no me interesa hasta donde llegue, si es que llega. Ahora quiero escribir todo lo que no me quiero olvidar, por hache o por be. Quiero escribir lo que me recuerda que viví, que sentí, que fui humana o al menos lo intenté.
Hoy es un impulso distinto el que me abraza. Y le voy a devolver el abrazo.
*Don't let it go away
This feeling has got to stay
And I can't believe I've had this chance now
Don't let it go away, yeah*
(Dedicado a Violeta y un poco a Nicolás)
Ahora, a las 07:06 de un domingo, mirando el sol salir entre nubes plateadas, tengo algunas cosas más claras. Ahora veo que nunca debo dejar de oír lo que me pasa, nunca debo cortar esa conexión conmigo misma. No debo dejar de oírme, de mirarme, de sentirme; si lo hago temo dejar de oír, mirar y sentir al otro. Quiero decir, ¿cómo voy a interpretar al otro si no me puedo interpretar a mí?
Antes escribía porque... No sé porqué, se me daba naturalmente. Escribía sobre lo que vivía, sobre lo que veía, sobre lo que me contaban, sobre cosas más externas. Después escribí sobre cómo me sentía, y por lo general me sentía mal y escribía sobre ello porque no se me da bien eso de contarle a la gente mis problemas.
Y ahora, me asalta un impulso distinto de escribir. Yo sé que esto lo van a leer pocas personas, pero ya no me interesa hasta donde llegue, si es que llega. Ahora quiero escribir todo lo que no me quiero olvidar, por hache o por be. Quiero escribir lo que me recuerda que viví, que sentí, que fui humana o al menos lo intenté.
Hoy es un impulso distinto el que me abraza. Y le voy a devolver el abrazo.
*Don't let it go away
This feeling has got to stay
And I can't believe I've had this chance now
Don't let it go away, yeah*
(Dedicado a Violeta y un poco a Nicolás)
jueves, 27 de febrero de 2014
The fucked up - part II
La miro y muero un poco.
Se ríe y muero un poco más.
Ella es especial.
Me abraza y la siento mía entre mis brazos.
Me suelta y se lleva un poco de mí con ella.
Ella es diferente.
Habla y la miro hipnotizado.
Mis oídos siguen su voz como el amanecer sigue a la noche.
Ella es magia.
Se mueve y se me escapa el aire.
Me mira y no me ve.
Ella es hermosa.
La veo llegar y me vuelve el alma al cuerpo.
La veo abrazarse a alguien más y se me vuelve a ir.
Ella es quién no debería.
Mi mejor amigo amó a una mujer lo mejor que pudo, y fue recíproco. Ellos se amaban de verdad, con un amor sincero. Complejo, pero sincero. Lo complejo no es para todos, sobre todo cuando se trata de un amor entre dos personas complejas, y por eso se terminó. Y yo estuve al lado de él mientras estuvo mal, lo ayudé a salir adelante, a estar bien, a tomar una cerveza sin ponerse mal porque podría estar con ella viendo una película. Y a través de sus historias, ella era buena persona. Y a través de los momentos compartidos ella era agradable, graciosa, teníamos buena onda, pero seguía siendo ajena a mi vida. Hasta que entré de lleno en la suya.
A veces, conocer mucho a alguien es una tortura. Como cuando sabés que esa mujer por la que dejarías todo es la que solía dejar todo por tu mejor amigo cuando era su novia. Como cuando sabes que jamás te va a mirar, que siempre vas a ser invisible para su corazón, que siempre vas a ser "el amigo de". No importa cuánto se diviertan, cuánto tengan en común, cuán bien se hagan mutuamente, cuántos abrazos se den, cuántas veces hablen por teléfono, cuántas cervezas tomaron juntos, cuántos chistes internos tengan, cuántas veces le secaste las lágrimas. Como cuando sabés que no quisieras soñar con ella, ni mirarla reír sin reír con ella, ni soltarla cuando la abrazás. Como cuando sabés que no podés evitar querer acariciarle el pelo para que se duerma, o agarrarle la mano, No podés evitar querer acariciarle el cuello para que le de cosquillas, o besarla. O desearla. O quererla.
Y un día, así sin más, la miré a los ojos y le dije la verdad. Le dije que no puedo mentirnos más, ni a ella ni a mí. Le dije que la quiero. Me miró, sonrió y me dijo que ella también. Pobre, no entendió.
Así que la besé, para que se entienda mejor. Y ahí lo entendió. Y yo también.
A veces, conocer mucho a alguien es una tortura. Como cuando sabés que esa mujer por la que dejarías todo es la que estás besando mientras pensás en tu mejor amigo.
Se ríe y muero un poco más.
Ella es especial.
Me abraza y la siento mía entre mis brazos.
Me suelta y se lleva un poco de mí con ella.
Ella es diferente.
Habla y la miro hipnotizado.
Mis oídos siguen su voz como el amanecer sigue a la noche.
Ella es magia.
Se mueve y se me escapa el aire.
Me mira y no me ve.
Ella es hermosa.
La veo llegar y me vuelve el alma al cuerpo.
La veo abrazarse a alguien más y se me vuelve a ir.
Ella es quién no debería.
Mi mejor amigo amó a una mujer lo mejor que pudo, y fue recíproco. Ellos se amaban de verdad, con un amor sincero. Complejo, pero sincero. Lo complejo no es para todos, sobre todo cuando se trata de un amor entre dos personas complejas, y por eso se terminó. Y yo estuve al lado de él mientras estuvo mal, lo ayudé a salir adelante, a estar bien, a tomar una cerveza sin ponerse mal porque podría estar con ella viendo una película. Y a través de sus historias, ella era buena persona. Y a través de los momentos compartidos ella era agradable, graciosa, teníamos buena onda, pero seguía siendo ajena a mi vida. Hasta que entré de lleno en la suya.
A veces, conocer mucho a alguien es una tortura. Como cuando sabés que esa mujer por la que dejarías todo es la que solía dejar todo por tu mejor amigo cuando era su novia. Como cuando sabes que jamás te va a mirar, que siempre vas a ser invisible para su corazón, que siempre vas a ser "el amigo de". No importa cuánto se diviertan, cuánto tengan en común, cuán bien se hagan mutuamente, cuántos abrazos se den, cuántas veces hablen por teléfono, cuántas cervezas tomaron juntos, cuántos chistes internos tengan, cuántas veces le secaste las lágrimas. Como cuando sabés que no quisieras soñar con ella, ni mirarla reír sin reír con ella, ni soltarla cuando la abrazás. Como cuando sabés que no podés evitar querer acariciarle el pelo para que se duerma, o agarrarle la mano, No podés evitar querer acariciarle el cuello para que le de cosquillas, o besarla. O desearla. O quererla.
Y un día, así sin más, la miré a los ojos y le dije la verdad. Le dije que no puedo mentirnos más, ni a ella ni a mí. Le dije que la quiero. Me miró, sonrió y me dijo que ella también. Pobre, no entendió.
Así que la besé, para que se entienda mejor. Y ahí lo entendió. Y yo también.
A veces, conocer mucho a alguien es una tortura. Como cuando sabés que esa mujer por la que dejarías todo es la que estás besando mientras pensás en tu mejor amigo.
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domingo, 23 de febrero de 2014
The fucked up - part I
Sos gracioso, inteligente, amable, compañero, reflexivo, dulce, cariñoso, comprensivo, atento, bueno, caballero, sincero, transparente, reservado.
Siempre tenés algo lindo para decir, algo gracioso para hacerme reír, un abrazo esperándome, una sonrisa con la cual alegrarme, una mirada que sostener, una canción que cantar, un ritmo que seguir.
Siempre tenemos una serie sobre la cual hablar, una banda para recomendarnos, un show al que ir, una película para ver, una cerveza que compartir, un elogio para hacernos, una persona de la cual opinar, un recuerdo para mirar atrás, un proyecto para imaginar un futuro.
Siempre sos perfecto a tu manera, ideal por donde se te mire.
Sólo que no tengo nada que ofrecerte salvo problemas.
Soy exigente conmigo misma, siempre tengo un problema, siempre me preocupo demasiado por todo. Siempre tengo algo para criticar, algo para quejarme, alguien que me lastima, alguien que me desorienta.
Soy competitiva, reservada, autosuficiente. Odio llorar, sobre todo enfrente de alguien. Siempre quiero mejorar las cosas, tanto que pierdo de vista el límite y no sé cuándo parar. Me gusta hacer las cosas a mi manera. Soy insegura sobre mi apariencia, pero odio que me digan que siempre estoy linda. Soy difícil de entender. Soy contradictoria.Un día te digo que quiero verte siempre, al otro ya no me parece que nos haga bien. Hago daño "en nombre del amor". Lastimo gente sin querer queriendo, ya me viste hacerlo. Me altero por nimiedades. Soy anti-cursi. No te dejo ser caballero, no me abras la puerta, no me invites, no pagues. Soy mentirosa, manejo las situaciones de la manera más favorable para mí. Engaño, siempre sucumbo a los labios ajenos. Me confundo fácilmente, me enrosco demasiado. Soy la ex novia de tu mejor amigo, quién además es medio amigo mío o al menos eso intentamos. No puedo ser la Robin del grupo, no quiero agregar eso a mi historial de fracasos sentimentales. ¿Ves? Confundo a la gente. Bah, a la gente no, a los tipos. Soy media putita, media facilita.
Soy todo lo que no quiero ser, y sin embargo a vos te gusta eso. Soy todo lo que no te conviene, todo lo que está mal, lo indeseable, lo dañino, lo perverso, lo complicado, lo raro, lo incorrecto, lo prohibido, lo que no necesitás.
Me parece que al final estás más jodido que yo.
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sábado, 11 de enero de 2014
Querer vs. Necesitar
*I want it all. I want it all. I want it all and I want it now*
Quisiera pedirte prestado un abrazo, pero sé que no me lo darías. Tenés tus tiempos, lo sé. Pero ahora necesito que me abraces, porque no sé qué hacer con mi vida, con mis decisiones, con mis sueños, conmigo. Necesito que seas mi cable a tierra, como siempre; que me des tu mirada práctica y aséptica, para poder entender todo esto. Quiero que me ayudes a ver, a hacer, a vivir. Yo sé que no tengo derecho a pedirte nada, pero ¿me abrazás, por favor?
*Said I wouldn't call but I lost all control and I need you now*
jueves, 2 de enero de 2014
Adiós para siempre
Mirar hacia atrás es algo que no podemos evitar hacer. Aunque sea por un microsegundo, todos lo hacemos. En especial en estas fechas, en las que estamos sensibles, ansiosos, cansados. Raros, digamos.
¿Qué veo cuando miro hacia atrás? Veo lo que pasó y lo que me dijeron que pasó. Veo a las personas que, con mayor o menor fuerza, gravitaron en mi universo. Veo las cosas en las que creí y creo, y las puertas que abrí y se me abrieron. Veo imágenes, algunas sueltas y otras siguiendo un orden, concatenadas.
Cuando miro hacia atrás para despedir al 2013, veo a la persona que era, la que empezó el año. Esa chica tenía ansiedad por la decisión laboral que iba a tomar, por los vínculos medio inconclusos que dejaba con ella, por el nuevo camino a recorrer. Esa chica era idealista en cuánto a su carrera universitaria, creyendo que podría dominar a una universidad que existe hace casi dos siglos y no viceversa. Ella creía que finalmente había logrado encontrar el equilibrio y la paz que buscaba en su pareja, y era feliz corriendo por la arena y jugando en sus brazos. Ella pensaba que mal que mal su familia estaba bien como estaba, y que cada día que pasaba la quería más, con sus locuras y todo. Ella sentía que sus amigos eran los mejores, que tenía un dream team a su lado.
Sí, así de ingenua era cuando empezó el 2013. Una estúpida, lo sé. ¿Pero saben qué? El 2013 me ayudó a cerrar una etapa de gran crecimiento que venía teniendo hace tiempo. Bueno, no sé si cerrar, pero al menos a madurar ese crecimiento; a concentrarlo, capitalizarlo y aprovecharlo; a ser consciente realmente de todo lo que pasaba y me pasaba.
En 2013, entre otras cosas, cambié de trabajo; me desilusioné del trabajo que conseguí y descreí en mí; volví a cambiar de trabajo y fue el primer trabajo que conseguí sin tener contactos o haber acudido a terceros; acudí a mi familia para tomar decisiones que nunca antes les hubiese consultado; amé profundamente y empecé a considerar seriamente un futuro en conjunto con mi pareja; empecé a trabajar en blanco y en un lugar serio; extrañé mis comodidades de niña y empecé una vida plenamente adulta; trastabillé en la facultad y perdí un poco el rumbo; me reencontré con gente que extrañaba; me establecí en un trabajo y planté semillas de relaciones con mis compañeros; empecé a escuchar más al otro y a dejar de hablar tanto; fraternicé con el enemigo; confié ciegamente; soñé sueños muy lindos y desperté con pesadillas; me rompieron el corazón sin entender muy bien cómo ni por qué; dejé de lado mis penas y me la jugué por el equipo; me saqué la armadura y me mostré frágil y vulnerable delante de todos; me sentí sola y diminuta; me dolió que verlo soltero y verme sola; me sequé las lágrimas y comprendí que mis amigos y mi familia seguían ahí, al pie del cañón con los más sinceros abrazos, las miradas llenas de pena, las palabras más coherentes, las más incoherentes y las mayores ganas de verme repuesta; perdí mi armadura de guerrera así que dejé de pelearla; empecé a querer sanar así que junte valor y no lloré mientras hablé por teléfono; entendí que no tenía que andar de pelea por el mundo sino pelear cuando hiciera falta; entendí que me había olvidado de eso cuando quise pelear por lo que amaba y no tuve chance; descubrí que me seguía importando más la felicidad del otro que la mía y que en realidad eso es lo que me hace feliz; me rendí con la facultad y me perdoné por ello; me cansé de sufrir y me propuse sanar; eché raíces en el trabajo donde conocí personas hermosas; lo escuché feliz y fui feliz; mis sobrinos me llenaron de besos y alegraron mi corazón; aprendí a aceptar (o no necesariamente) los defectos de mis amigos; me propuse aceptar a mi familia tal cual es; quise escaparme lejos y no pude; retomé la facultad y me fue mejor; decidí no presionarme durante ese año; encontré rincones de mí que no sabía que existían; encontré muy buena gente en el camino; entendí que no es el tiempo transcurrido lo que me une a la gente, sino los gestos y las acciones; intenté cosas nuevas y no fueron lo mío; intenté cosas nuevas y me gustaron; decidí arriesgarme a vivir la vida; decidí no festejar mi cumpleaños porque era muy difícil y siempre terminan mal mis festejos; me enfermé en mi cumpleaños; salí de cool hunter y me encantó; tuve mi primer evento empresarial; me miré frente a un espejo y me gustó absolutamente todo lo que vi (sólo un día, pero es un buen comienzo); me desvergoncé; deseé cosas como nunca antes; fui a un recital espectacular; abracé muy fuerte a mis amigos, a mis sobrinos y a mi familia; me propuse decirle siempre a la gente que quiero cuánto la quiero; decidí dejar que la vida pase a través de mí; me dediqué a relajarme; me resigné; me sinceré conmigo misma y con los demás, y tuvo una repercusión genial; le dije lo que sentía sin pelos en la lengua; lloré delante del que me rompió el corazón y no me dio (tanta) vergüenza porque fui honesta y visceral; me desinflé; respiré hondo; reflexioné; decidí; brindé; lloré de la risa cuando pensé que la iba a pasar mal; vi irse de mi vida y de mi cotidianeidad a varias personas y por ellas lloré y brindé; conocí y redescubrí a unas cuantas personas.
Y si miro para atrás y veo todo esto, puedo decir con seguridad que 2013 fue un año intenso, pero que al final de cuentas fue positivo. Crecí muchísimo y entendí más y mejor unas cuantas cosas. Me quedan muchas cosas de este año. Pero así y todo, agradezco que no vuelvas.
APS, 2013.
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domingo, 14 de julio de 2013
Calle Abismo
Hoy te vi.
Luminosa, radiante. Sonriendo ruborizada, como una niña avergonzada. Tenías el cabello recogido en una cola de caballo que se balanceaba al caminar. Vestías jeans y un abrigo verde. Llevabas tu bolso verde, siempre fijándote en los pequeños detalles.
Caminabas por la calle, estabas hablando con alguien que iba a tu lado.
Hoy te vi. Y estabas acompañada por un muchacho; uno más alto, más flaco, más elegante, más lindo que yo. Él reía al escucharte. Siempre fuiste graciosa, muy ingeniosa para los chistes; siempre tuviste un gran sentido del humor. Él se reía y te miraba. Te miraba como yo, viéndote brillar como un diamante, siendo lo más bello que había en el mundo y lo único importante en la vida. Vos caminabas como siempre, a tu propio ritmo y sin prestar atención al paso de la multitud. Marcando tu ritmo, ese que él seguía a tu lado. Ese que quisiera seguir yo. Desde la vereda de enfrente me vi a mí mismo viéndote, con una sonrisa triste e idiota. Sonrisa por estar viéndote, triste por haberte perdido e idiota por no haberlo evitado. Y mientras, escuché el sonido de algo que se rompía. Miré para abajo, hacia mi pecho. Y lo comprendí. Levanté la cabeza y hundí la nariz en el aroma de la calle, de la vida que pasaba a mi alrededor, del pan de la panadería, del suavizante de ropa de la lavandería. Del café del bar, de la basura de la esquina. La vida estaba sucediendo a mi alrededor, con el ir y venir de la gente. Y entre esa gente estabas vos y estaba él; y estaban juntos.
Hoy te vi. Te vi reír a causa de la risa que provocaste en otro. Y en ese momento, comprendí que eras feliz sin mí, que mi trabajo estaba terminado. Que yo busqué siempre tu felicidad, tu paz. Mientras te veía caminar, vi tu sueños, tus esperanzas, tus alegrías flotando a tu alrededor. Vi todo lo que habías perdido por mí, por estar pendiente de mis expectativas, de mis miedos, de mis locuras, de mis enfermedades, de mis bajones, de mi hambre y mi frío. Vi que lo recuperaste todo y más. Sentí el alivio de que el objetivo de mi vida estuviese completo, de que ya mi misión esté cumplida. Me di media vuelta y cambié mi destino. Le di la espalda al amor que conocí, que viví, que respiré; le di la espalda a lo mejor que tuve en la vida y crucé la calle. Y ya no te vi más, pero me llevé el recuerdo de la sonrisa que yo te había borrado y hoy te devolvieron.
Luminosa, radiante. Sonriendo ruborizada, como una niña avergonzada. Tenías el cabello recogido en una cola de caballo que se balanceaba al caminar. Vestías jeans y un abrigo verde. Llevabas tu bolso verde, siempre fijándote en los pequeños detalles.
Caminabas por la calle, estabas hablando con alguien que iba a tu lado.
Hoy te vi. Y estabas acompañada por un muchacho; uno más alto, más flaco, más elegante, más lindo que yo. Él reía al escucharte. Siempre fuiste graciosa, muy ingeniosa para los chistes; siempre tuviste un gran sentido del humor. Él se reía y te miraba. Te miraba como yo, viéndote brillar como un diamante, siendo lo más bello que había en el mundo y lo único importante en la vida. Vos caminabas como siempre, a tu propio ritmo y sin prestar atención al paso de la multitud. Marcando tu ritmo, ese que él seguía a tu lado. Ese que quisiera seguir yo. Desde la vereda de enfrente me vi a mí mismo viéndote, con una sonrisa triste e idiota. Sonrisa por estar viéndote, triste por haberte perdido e idiota por no haberlo evitado. Y mientras, escuché el sonido de algo que se rompía. Miré para abajo, hacia mi pecho. Y lo comprendí. Levanté la cabeza y hundí la nariz en el aroma de la calle, de la vida que pasaba a mi alrededor, del pan de la panadería, del suavizante de ropa de la lavandería. Del café del bar, de la basura de la esquina. La vida estaba sucediendo a mi alrededor, con el ir y venir de la gente. Y entre esa gente estabas vos y estaba él; y estaban juntos.
Hoy te vi. Te vi reír a causa de la risa que provocaste en otro. Y en ese momento, comprendí que eras feliz sin mí, que mi trabajo estaba terminado. Que yo busqué siempre tu felicidad, tu paz. Mientras te veía caminar, vi tu sueños, tus esperanzas, tus alegrías flotando a tu alrededor. Vi todo lo que habías perdido por mí, por estar pendiente de mis expectativas, de mis miedos, de mis locuras, de mis enfermedades, de mis bajones, de mi hambre y mi frío. Vi que lo recuperaste todo y más. Sentí el alivio de que el objetivo de mi vida estuviese completo, de que ya mi misión esté cumplida. Me di media vuelta y cambié mi destino. Le di la espalda al amor que conocí, que viví, que respiré; le di la espalda a lo mejor que tuve en la vida y crucé la calle. Y ya no te vi más, pero me llevé el recuerdo de la sonrisa que yo te había borrado y hoy te devolvieron.
lunes, 10 de junio de 2013
Las manos
Había llovido, porque las baldosas estaban húmedas, oscurecidas por gotas casi secas. Estaba un poco fresco, como en los amaneceres previos a la primavera. El sol no molestaba, porque era temprano; apenas se percibía su presencia a punto de salir. No había demasiada gente, pero tampoco estaban desiertas las calles. Lo justo y necesario como para no creer que es una fantasía. Nadie los miraba, a nadie le importó. En realidad, nadie lo percibió, nadie se dio cuenta. Cada uno estaba muy pendiente de su propia existencia, es ese uno de los problemas de la gran ciudad. Es así cómo la gente se pierde de presenciar los pequeños momentos de magia que regala el Universo.
Dos personas salen de una confitería. Ella vestía piloto y zapatos altos. Su cabellera castaña llovía por sobre su piloto, con un flequillo que oficiaba de paraguas de sus ojos marrones, abiertos de una manera particular. Él llevaba puesto un par de jeans y zapatillas. Sus ojos verdes iluminaban el gris de la ciudad, mientras que sus labios dejaban entrever una espléndida sonrisa. Su apariencia sencilla le daba un aire de seguridad y simpleza. Ambos salen con una mirada un tanto fuera de lo común, como si hubiesen presenciado un hecho único allí dentro. No dicen nada, no necesitan hacerlo. Ambos estuvieron ahí, han experimentado lo mismo, aunque ciertamente no significó lo mismo para los dos. Él parecía sentirse satisfecho, como si hubiera llegado a una meta deseada. Su mirada era tranquila, pero intensa. Como la de esas personas que saben que lo lograron, y que llegaron a donde querían estar. Ella se veía un poco perdida, como shockeada. Como si algo hubiese ocurrido muy rápido y todavía intentase comprenderlo. Como si una bala perdida la hubiese rozado e intentase ver desde dónde vino.
Salen de la confitería y doblan en la esquina. Se puede ver que están juntos porque caminan al mismo ritmo, sus pasos se siguen los unos a los otros en una coreografía improvisada que hace pensar que hay algo que las une, que las guía en el mismo sentido. Caminan juntos pero separados. Cada uno por su lado de la vereda, pero uno al lado del otro. No hablan demasiado, no tienen necesidad de hacerlo. Han atravesado la misma experiencia, por lo que las palabras están demás. Él parece estar viendo algo que ella no. Ella parece estar rebobinando algo en su cabeza. Cada uno viendo una película distinta en su mente.
Llegan al final de la cuadra. Ella intenta irse, empieza a despedirse atropelladamente, pero él la interrumpe. Le dice que la quiere acompañar. Ella se niega, pero se puede ver que es sólo por una cuestión protocolar. Él lee este mensaje subliminal e insiste. Finalmente, ella acepta. Se dispone a marcar el paso y la dirección como tantas otras veces pero algo pasa dentro de ella. Se da cuenta de que no quiere marcar el paso. Que no quiere que la sigan, no quiere liderar ni encabezar. Descubrió en ese preciso y pequeño instante que lo que quería en realidad era que alguien la acompañe; que no vaya ni adelante ni atrás, sino a la par. Y mientras se daba cuenta de todas estas cosas, se vio caminando junto a él. De repente, él se le representó como eso, como un compañero, como alguien que no le iba a imponer un rol delimitado, sino como alguien que caminaba a su lado. Simplemente eso, caminaba a su lado. Ni atrás, ni adelante; ni más rápido ni más lento. Caminaban relajadamente, como si no tuvieran apuro alguno, como si nadie los esperase, como si el tiempo no pasara.
Y en el medio del normal palpitar de la vida cotidiana, en medio de esa rutina tantas veces ejecutada, en medio de las vidas grises de todas esas personas en las paradas de colectivo viviendo una rutina gastada, sucedió el milagro. Dos manos hicieron contacto, una llenándose de la vida que corría por las venas de la otra. La mano derecha de él y la izquierda de ella se encontraron casualmente, casi de forma natural en plena avenida de la ciudad, paralizando por un instante el ritmo de la vida, el fluir cansino de las miles de vida que componen esas moles de concreto. Esas manos que anduvieron vagando por todos lados antes de encontrarse. Dos manos que se encontraron, se unieron e iluminaron el Universo por un momento; un momento en el que ambos comprendieron que nada sería igual. Ella sintió que el mundo se perdió, que estaba caminando entre las nubes contemplando un paisaje nunca antes visto: el de los ojos de él prendidos de los suyos. Él sintió el peso de la responsabilidad que conllevaba agarrar esa mano, de esa responsabilidad que ansiaba tomar. De la responsabilidad que era agarrar esa mano curtida que había recibido golpes varios, que había lavado heridas propias y ajenas, que había acariciado antes y que con un poco de suerte lo acariciaría a él. Sintió la felicidad de agarrar la mano que quería agarrar entre muchas otras manos que se le habían ofrecido, y sintió también la satisfacción de que esa mano que quería no lo soltara, sino que además se aferrara a la suya.
El mundo se paró un momento, como corresponde cuando sucede algo que va a cambiar el curso de la vida para siempre. El mundo se congeló, y permitió que esas manos se convirtieran en una sola, en una unión que podría ser la razón por la cual esos pájaros cantan, o aquellos niños ríen, o los labios de él se acercan a los de ella y reconfirman que esa es la mano que buscaba.
Dos personas salen de una confitería. Ella vestía piloto y zapatos altos. Su cabellera castaña llovía por sobre su piloto, con un flequillo que oficiaba de paraguas de sus ojos marrones, abiertos de una manera particular. Él llevaba puesto un par de jeans y zapatillas. Sus ojos verdes iluminaban el gris de la ciudad, mientras que sus labios dejaban entrever una espléndida sonrisa. Su apariencia sencilla le daba un aire de seguridad y simpleza. Ambos salen con una mirada un tanto fuera de lo común, como si hubiesen presenciado un hecho único allí dentro. No dicen nada, no necesitan hacerlo. Ambos estuvieron ahí, han experimentado lo mismo, aunque ciertamente no significó lo mismo para los dos. Él parecía sentirse satisfecho, como si hubiera llegado a una meta deseada. Su mirada era tranquila, pero intensa. Como la de esas personas que saben que lo lograron, y que llegaron a donde querían estar. Ella se veía un poco perdida, como shockeada. Como si algo hubiese ocurrido muy rápido y todavía intentase comprenderlo. Como si una bala perdida la hubiese rozado e intentase ver desde dónde vino.
Salen de la confitería y doblan en la esquina. Se puede ver que están juntos porque caminan al mismo ritmo, sus pasos se siguen los unos a los otros en una coreografía improvisada que hace pensar que hay algo que las une, que las guía en el mismo sentido. Caminan juntos pero separados. Cada uno por su lado de la vereda, pero uno al lado del otro. No hablan demasiado, no tienen necesidad de hacerlo. Han atravesado la misma experiencia, por lo que las palabras están demás. Él parece estar viendo algo que ella no. Ella parece estar rebobinando algo en su cabeza. Cada uno viendo una película distinta en su mente.
Llegan al final de la cuadra. Ella intenta irse, empieza a despedirse atropelladamente, pero él la interrumpe. Le dice que la quiere acompañar. Ella se niega, pero se puede ver que es sólo por una cuestión protocolar. Él lee este mensaje subliminal e insiste. Finalmente, ella acepta. Se dispone a marcar el paso y la dirección como tantas otras veces pero algo pasa dentro de ella. Se da cuenta de que no quiere marcar el paso. Que no quiere que la sigan, no quiere liderar ni encabezar. Descubrió en ese preciso y pequeño instante que lo que quería en realidad era que alguien la acompañe; que no vaya ni adelante ni atrás, sino a la par. Y mientras se daba cuenta de todas estas cosas, se vio caminando junto a él. De repente, él se le representó como eso, como un compañero, como alguien que no le iba a imponer un rol delimitado, sino como alguien que caminaba a su lado. Simplemente eso, caminaba a su lado. Ni atrás, ni adelante; ni más rápido ni más lento. Caminaban relajadamente, como si no tuvieran apuro alguno, como si nadie los esperase, como si el tiempo no pasara.
Y en el medio del normal palpitar de la vida cotidiana, en medio de esa rutina tantas veces ejecutada, en medio de las vidas grises de todas esas personas en las paradas de colectivo viviendo una rutina gastada, sucedió el milagro. Dos manos hicieron contacto, una llenándose de la vida que corría por las venas de la otra. La mano derecha de él y la izquierda de ella se encontraron casualmente, casi de forma natural en plena avenida de la ciudad, paralizando por un instante el ritmo de la vida, el fluir cansino de las miles de vida que componen esas moles de concreto. Esas manos que anduvieron vagando por todos lados antes de encontrarse. Dos manos que se encontraron, se unieron e iluminaron el Universo por un momento; un momento en el que ambos comprendieron que nada sería igual. Ella sintió que el mundo se perdió, que estaba caminando entre las nubes contemplando un paisaje nunca antes visto: el de los ojos de él prendidos de los suyos. Él sintió el peso de la responsabilidad que conllevaba agarrar esa mano, de esa responsabilidad que ansiaba tomar. De la responsabilidad que era agarrar esa mano curtida que había recibido golpes varios, que había lavado heridas propias y ajenas, que había acariciado antes y que con un poco de suerte lo acariciaría a él. Sintió la felicidad de agarrar la mano que quería agarrar entre muchas otras manos que se le habían ofrecido, y sintió también la satisfacción de que esa mano que quería no lo soltara, sino que además se aferrara a la suya.
El mundo se paró un momento, como corresponde cuando sucede algo que va a cambiar el curso de la vida para siempre. El mundo se congeló, y permitió que esas manos se convirtieran en una sola, en una unión que podría ser la razón por la cual esos pájaros cantan, o aquellos niños ríen, o los labios de él se acercan a los de ella y reconfirman que esa es la mano que buscaba.
miércoles, 2 de mayo de 2012
Futuro II
Me siento mal, pero a futuro. Me siento mal hoy, pero por algo que aún no sucedió. Siento que voy a ser una mediocre en la vida. No estoy hablando de ser un profesional mediocre, sino de ser una mediocre en la vida.
No es que mi sueño, mi misión y/o destino en este mundo sea ser famosa. Nada más alejado de lo que en verdad es. No estoy hablando de eso. Hablo (o escribo, mejor dicho) de que no quiero ser una persona mediocre, no quiero ser una persona conformista, no quiero ser una de esas personas que se tira a menos con tal de saberse a salvo. No, no y no. Quiero ser una de esas personas que no le huyen a los desafíos, que no se cierra a la vida. Y la vida te desafía constantemente. Quiero ser de esas personas que desde un lugar anónimo, sencillo, y de bajo perfil pueden lograr dejar una huella en algún camino. Quiero que en el caso de que alguien hable bien de mí, diga "ella ama lo que hace, es su pasión, no sabés el empeño que le pone".
No quiero ser una mediocre que o aspiró a mucho y se quedó con poco, o aspiró a poco desde un principio. Quiero ser una persona común que vive de lo que le gusta, que se dedica a esa profesión que le hechizó el corazón y el alma en su juventud y que se esforzó por ser la mejor persona que podría ser. Quiero llegar a ser esa persona que deja el alma en lo que hace porque es su pasión, es un sueño que vive, que se hizo realidad. Quiero vivir mi historia perfecta, en la que soy sólo una chica que estudió la carrera de sus sueños de la mejor manera posible para ser la mejor profesional que podría ser para hacer lo mejor que esté a mi alcance para hacer una diferencia en la vida de quienes lo necesitan.
Quiero saber que no desperdicié el tiempo con una carrera que no me permita demostrarle a la sociedad todo eso que le quiero devolver; más aún, que no me permita devolverselo.
Quiero tantas cosas que me olvido de lo más importante: esto no ha terminado todavía. Todo puede suceder, ¿o no?
martes, 4 de octubre de 2011
Futuro I
Últimamente, he notado alrededor mío muchas dudas sobre el futuro. Mías y ajenas. Y es extraño, en cierto punto, que yo hable del futuro. ¿Por qué? Porque no tengo muy definido a qué se le llama futuro. O sea, ¿es un único futuro? ¿O hay categorías?
Personalmente, considero que no hay un único y definitivo futuro, sino que es algo que va mutando, cambia momento a momento, por más de que cada uno tenga una "idea aproximada" de lo que será su futuro. Y lo pongo entre comillas porque aún no estoy segura si es un pronóstico, una idealización o un plan.
En fin, no sé si es el momento del año o qué, pero noté que un número creciente de personas alrededor mío están cuestionando sus futuros. Y me llama la atención. Me llama la atención que mis dudas no son tantas como creí que tendría. Que resulta ser que tengo bastantes "ideas aproximadas" del futuro que quiero. Que cosas que una da por sentado, hay que ver por qué las da por sentado. Es decir, ¿una da por sentado que las cosas ocurrirán de x manera porque se basa en evidencia comprobable, en pronósticos, en deseos, en esperanzas o tienen un don extrasensorial que se lo anuncia? ¿O cree lo que cree porque no se tomó el tiempo y/o las ganas necesarias de reflexionar sobre las cosas? Tal vez, y no estoy diciendo que así sea, tendemos a dar por sentadas las cosas porque es más fácil eso que analizarlas en profundidad y ver qué se podría hacer para cambiar o asentar ese futuro.
Es más: ¿y si eso es precisamente lo que estoy haciendo yo? ¿Y si soy yo la que esperaba más dudas porque creí que iba a cuestionar, a analizar, a reflexionar más cosas? ¿Y si soy yo la que no tiene dudas porque da por sentado cosas?
Claramente, esta no será la unica entrada al respecto.
Personalmente, considero que no hay un único y definitivo futuro, sino que es algo que va mutando, cambia momento a momento, por más de que cada uno tenga una "idea aproximada" de lo que será su futuro. Y lo pongo entre comillas porque aún no estoy segura si es un pronóstico, una idealización o un plan.
En fin, no sé si es el momento del año o qué, pero noté que un número creciente de personas alrededor mío están cuestionando sus futuros. Y me llama la atención. Me llama la atención que mis dudas no son tantas como creí que tendría. Que resulta ser que tengo bastantes "ideas aproximadas" del futuro que quiero. Que cosas que una da por sentado, hay que ver por qué las da por sentado. Es decir, ¿una da por sentado que las cosas ocurrirán de x manera porque se basa en evidencia comprobable, en pronósticos, en deseos, en esperanzas o tienen un don extrasensorial que se lo anuncia? ¿O cree lo que cree porque no se tomó el tiempo y/o las ganas necesarias de reflexionar sobre las cosas? Tal vez, y no estoy diciendo que así sea, tendemos a dar por sentadas las cosas porque es más fácil eso que analizarlas en profundidad y ver qué se podría hacer para cambiar o asentar ese futuro.
Es más: ¿y si eso es precisamente lo que estoy haciendo yo? ¿Y si soy yo la que esperaba más dudas porque creí que iba a cuestionar, a analizar, a reflexionar más cosas? ¿Y si soy yo la que no tiene dudas porque da por sentado cosas?
Claramente, esta no será la unica entrada al respecto.
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